Cicloturismo, apuesta segura para los territorios

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El ciclismo crece como práctica deportiva en todo el mundo, circunstancia que ya se refleja en el sector turístico

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Con unos 1.640 millones de euros de beneficios al año en España, y 44.000 en Europa, el cicloturismo constituye una gran oportunidad de desarrollo económico sostenible para los territorios que buscan potenciar su vertiente turística, evitando uno de los inconvenientes habituales del sector, la estacionalidad.

[/dfd_heading][dfd_spacer screen_wide_resolution=»1280″ screen_wide_spacer_size=»40″ screen_normal_resolution=»1024″ screen_tablet_resolution=»800″ screen_mobile_resolution=»480″ screen_normal_spacer_size=»40″ screen_tablet_spacer_size=»30″ screen_mobile_spacer_size=»20″][dfd_heading content_alignment=»text-left» enable_delimiter=»off» style=»style_01″ title_font_options=»tag:p» subtitle_font_options=»tag:h3″]Por todos es sabido que el turismo es la industria número uno de nuestro país, un éxito que tiene sus fundamentos, en primer lugar, en unas condiciones ‘naturales’ envidiables y únicas, como son una climatología favorable, un diverso y extenso patrimonio histórico-artístico y natural, y una gastronomía envidiada en todo el mundo, entre muchos otros factores. A ello se suma la progresiva implantación, desde los años 60, de una potente estructura empresarial en torno al sector de los viajes, así como la apuesta decidida de las administraciones públicas por este modelo de desarrollo económico.

El resultado es ya conocido. España es uno de los destinos turísticos líderes a nivel mundial, siendo uno de los sectores económicos que mejor ha soportado el envite de las crisis económicas de los últimos años. Una posición de privilegio que nos permite mirar al futuro con optimismo, pero que no debe hacernos caer en el triunfalismo y el acomodo. De hecho, las nuevas potencias turísticas, surgidas en el norte del continente africano y los países del este de Europa, vienen pisando fuerte y conviene no dormirse en los laureles.[/dfd_heading][dfd_spacer screen_wide_resolution=»1280″ screen_wide_spacer_size=»40″ screen_normal_resolution=»1024″ screen_tablet_resolution=»800″ screen_mobile_resolution=»480″ screen_normal_spacer_size=»40″ screen_tablet_spacer_size=»30″ screen_mobile_spacer_size=»20″][vc_single_image image=»20700″ img_size=»large» alignment=»center»][dfd_spacer screen_wide_resolution=»1280″ screen_wide_spacer_size=»40″ screen_normal_resolution=»1024″ screen_tablet_resolution=»800″ screen_mobile_resolution=»480″ screen_normal_spacer_size=»40″ screen_tablet_spacer_size=»30″ screen_mobile_spacer_size=»20″][dfd_heading content_alignment=»text-left» enable_delimiter=»off» style=»style_01″ title_font_options=»tag:p» subtitle_font_options=»tag:h3″]En este sentido, el cicloturismo se perfila como una oportunidad inmejorable de negocio y desarrollo económico sostenible para los territorios. Y es que, el ciclismo se ha convertido en el deporte más practicado en España según la encuesta de hábitos deportivos que realiza el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Así, el 38,7% de los españoles que practicaron deporte en 2015, lo hicieron en bicicleta. Un hábito deportivo, el de la bici, que se refleja -y aumenta- si miramos al resto de Europa.

A la hora de viajar y disfrutar de sus vacaciones o fines de semana, el ciclista no abandona su bicicleta en el trastero. Todo lo contrario. Cada vez son más los que viajan con su montura a cuestas, ya sea para realizar rutas por etapas –como pueda ser el Camino de Santiago- o para descubrir a golpe de pedal el entorno del lugar donde se alojen. El resultado, según el informe «El impacto económico del cicloturismo en Europa», elaborado por la Junta de Andalucía y Vías Verdes-Fundación de los Ferrocarriles Españoles (FFE), es un modelo turístico que factura en torno a 1.620 millones de euros anuales en España, una cifra que asciende a los 44.000 millones si se contabiliza Europa. Un modelo turístico que, además, contribuye a desestacionalizar la oferta y, por tanto, ayuda a fijar a la población, sobre todo en el entorno rural.[/dfd_heading][dfd_spacer screen_wide_resolution=»1280″ screen_wide_spacer_size=»40″ screen_normal_resolution=»1024″ screen_tablet_resolution=»800″ screen_mobile_resolution=»480″ screen_normal_spacer_size=»40″ screen_tablet_spacer_size=»30″ screen_mobile_spacer_size=»20″][vc_single_image image=»20702″ img_size=»large» alignment=»center»][dfd_spacer screen_wide_resolution=»1280″ screen_wide_spacer_size=»40″ screen_normal_resolution=»1024″ screen_tablet_resolution=»800″ screen_mobile_resolution=»480″ screen_normal_spacer_size=»40″ screen_tablet_spacer_size=»30″ screen_mobile_spacer_size=»20″][dfd_heading content_alignment=»text-left» enable_delimiter=»off» style=»style_01″ title_font_options=»tag:p» subtitle_font_options=»tag:h3″ title_t_heading=»» subtitle_t_heading=»»]El cicloturista, eso sí, es un cliente especial, que requiere de un cierto grado de especialización y una oferta personalizada, tanto por parte de los territorios como de las empresas turísticas. El ciclista exige calidad y, lo que es más importante, la paga –sobre todo el cicloturista extranjero-, por lo que merece la pena realizar un esfuerzo para adaptarse a sus necesidades, ofreciendo productos turísticos especializados, complementados por empresas de servicios específicos y adaptando los alojamientos a los requerimientos de este nuevo cliente.

¿Ejemplos de éxito? Ya tenemos algunos, como el caso de la provincia de Girona, convertida ya en meca del cicloturismo o las Islas Baleares, con mención especial a Mallorca, sin olvidar la provincia de Huesca, primer destino turístico nacional certificado como Territorio Bikefriendly.[/dfd_heading][dfd_spacer screen_wide_resolution=»1280″ screen_wide_spacer_size=»40″ screen_normal_resolution=»1024″ screen_tablet_resolution=»800″ screen_mobile_resolution=»480″ screen_normal_spacer_size=»40″ screen_tablet_spacer_size=»30″ screen_mobile_spacer_size=»20″][vc_single_image image=»20705″ img_size=»large» alignment=»center»][dfd_spacer screen_wide_resolution=»1280″ screen_wide_spacer_size=»40″ screen_normal_resolution=»1024″ screen_tablet_resolution=»800″ screen_mobile_resolution=»480″ screen_normal_spacer_size=»40″ screen_tablet_spacer_size=»30″ screen_mobile_spacer_size=»20″][dfd_heading content_alignment=»text-left» enable_delimiter=»off» style=»style_01″ title_font_options=»tag:p» subtitle_font_options=»tag:h3″ title_t_heading=»» subtitle_t_heading=»»]El espacio Zona Zero de Aínsa, en el Pirineo Aragonés, especializado mountain bike, obtuvo un impacto económico de 5 millones de euros en 2015 para la comarca del Sobrarbe -equivalente a un total de 55.000 pernoctaciones-, según datos del Gobierno de Aragón.

Otros territorios del estado español ya se han puesto manos a la obra con proyectos cicloturistas de gran calado. Tal es el caso de la Comunidad de Madrid y CiclaMadrid, producto turístico donde se dan la mano el ciclismo, la naturaleza, el patrimonio-histórico y la gastronomía de la región, con subproductos segmentados para cada tipo de usuario, desde el más familiar o cicloturista, hasta el público más joven y ‘endurero’, pasando por el ciclista de carretera.

Con todos estos datos sobre la mesa ¿puede alguien dudar del potencial del cicloturismo como motor de desarrollo económico para los territorios?

#BikefriendlyConsulting[/dfd_heading][/vc_column][/vc_row]

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